Como el Tetris.

Vamos a escribir sobre alguien que aprendió que todo es como un tetris, y quien pensaba que era como la búsqueda del tesoro.

Aunque no soy dueño de la verdad y mis palabras no representan certeza alguna, escribo lo que creo es correcto para mí.

Antes pensaba que uno tenía que estar siempre atento, pendiente de lo que sucedía alrededor. Que cualquier cosa podía ser una señal, que lo que más quieres tenías que buscarlo. Luego me di cuenta que hay cosas a largo plazo que si tienes que buscar, o más que buscar, querer.

 

Querer una familia, hijos, viajes, entre otras cosas son cosas que a la larga uno puede anhelar, porque está bien querer cosas en la vida. Pero todo esto, creo, es muy diferente a andar buscando una familia, buscando con quien tener hijos, buscando viajes, entre otras. Las cosas aparecen cuando menos las esperas y son mucho más valoradas de esta manera.

 

Sobre lo de tetris y búsqueda del tesoro, me refería a esto. En el tetris, las piezas van viniendo de manera aleatoria, al igual que en la vida, las situaciones, personas y lugares a lo que llegas aparecen muchas veces de esta forma. Lo interesante y bonito es lograr darle forma a estas piezas para así poder lograr una base segura. Contra menos huecos hayan, más resistente será la estructura. De igual manera, las cosas van llegando a tu vida, amistades, amores, viajes, y uno tiene que saber que pieza coger, como cogerla y saber que hay algunas que simplemente no encajarán en tu estructura, que te dificultarán la solidez de la estructura, pero que a pesar de ello, es bueno siempre tenerla, conformando parte de ella, de la estructura, de tu vida.

 

Repito, no se si esté bien, o esté mal. Es como pienso, y como quiero seguir viviendo mi vida. Aunque muchas veces la curiosidad y las ganas de saber y dominar todo me venza, habrá que mantener la calma y pensar que vinimos a este mundo a ser felices, a vivir tranquilos el momento, disfrutarlo y que lo demás ya llegará. Solo habrá que acomodarlo a la estructura. A tu vida.

Salvará.

Y muchas cosas no llegan a convencerme. Indiferencia, egoísmo, engreimiento, injusticia. No entiendo.

Paco corre. No avanza.

Luna muere. Nadie llora.

Ella viene. Él se va.

Cuando ella está. Negra sombra de tensión altera su ser.

No lo quiere así. No lo puede evitar.

Y el día pesa más que un saco mojado. Pesa y camina muy lento. Es domingo, pero no lo justifica. Es su presencia, su mentira. La mentira que ella deseó tener. La mentira que compraron.

Huir tal vez salve a algunos. Alguno debería decirme que huir me salvará.

Alma: Capítulo II.

II. Porque una vez extraviado el dolor, recomponer el sufrimiento dejado por lo racional es complicado. Emocionalmente dolido.

Recostada se encontrada. Miraba la pared que estaba frente a su cama. Había una filtración de agua en ella, como a 50 centímetros del piso. Ella veía en ella a una cara. Esa cara, que tanto quería ver. Era una día más sin saber porque. Porque es que no sabía nada de ella, y porque no había llegado aquella noche.

Tenía obligaciones, más ganas no. Debía pararse de la cama y dejar de pensarla tanto. Sabia que las dificultades del camino solo la hacen más fuerte. Sabía muchas cosas, pero lograr luchar contra ellas y sobreponerlas era lo complicado. Ella era muy sabia para su corta edad. A los 17 años nadie espera mucho de ti. La temprana pérdida de su madre había logrado en ella esa madurez para afrontar obligaciones de personas mayores.

Su hermana decidió por la bebida. A pesar de llevarle varios años de edad, tomó la decisión más fácil y el camino más corto. Felizmente Alma lo tenía claro. Sabía que vivía en un sistema donde lo gordo es malo y lo flaco es bueno. Donde el blanco y negro se contraponen negativamente y donde la estatura va de la mano con la autoestima. Pero al saberlo y tenerlo muy claro decidió romper las reglas y no dejarse engañar por parámetros impuestos por sabe Dios quien.

Ya empezaba un día más en la vida de Alma y el carrusel de rutinas acababa de arrancar. Primero debía limpiar el desorden que su hermana había dejado de la noche anterior. Pues siempre llegaba ebria a casa. Andaba con gente que no vale la pena mencionar. Luego salir a comprar los alimentos para el almuerzo, pues en casa de Alma la comida se compraba el mismo día y dependiendo del presupuesto disponible. Cocinar. Limpiar. Salir a buscar algún cachuelo en la ciudad. Y por último esperar. Esperar que esta vez no fallara. Esperar que esta vez pudiera ser el día. Ese día de encontrarla. De que no la dejara plantada. La dejara ahí, confiando. Confiando en ver. Si confiando, tan solo confiando.

Alma: Capítulo I.

I. Vidas que pasan y no llegan a nada. Noches difusas que solo dejan ver el brillo del alma de la gente al caminar.

La ciudad estaba fría. Ella caminaba dando vueltas a la pileta central de la plaza. Miraba el suelo. Daba dos pasos, miraba el cielo. Eran una botas marrones las que llevaba esa noche, estaban muy gastadas y con los pasadores sueltos. Había salido muy temprano de casa, pues su hermana mayor estaba por despertar y no quería tener que limpiar el desorden que había dejado la noche anterior al llegar a casa, borracha como siempre. La falda que traía puesta era rojiza y parecía de lana, aunque definitivamente no lo era. Arriba no traía puesta chompa ni casaca alguna que la cubriera del frío. Solo una blusa blanca y una chalina de colores.

Se sentaba al borde de la pileta. Jugaba con el agua entre sus dedos. Luego se paraba y seguía pateando las desgastadas suelas contra el piso de piedra de la plaza. Once y quince. Aún no llega. Una vez más tendría que volver a casa sin verla. Pateó fuerte una piedra en el camino y dijo:

-¡Espero no me falles mañana!

Empezó a correr en dirección a su casa. Se abrazaba con los brazos por el frío e intentaba no tropezar con los pasadores, que siempre llevaba desamarrados. La única que la acompañaba era la luna. Siempre atenta y brillando. Siempre recordándole a su madre.

Por fin en casa, abrió esa puerta vieja de cerradura oxidada y rechiñoza. Entró callada para no despertar a su hermana, la que felizmente no estaba en casa. Fue a su cuarto callada, se echó en su cama tal cual estaba vestida y durmió pensando en ella. Pensando en que tal vez mañana no le fallaría. Pensando en que tal vez mañana existiría.

Detalles: dios de la mentira.

Pequeñas cosas muchas veces dicen ser detalles. Yo creo son excusas de miedo a demostrar un verdadero sentimiento.

Un pequeño chocolate ¡Qué detalle!

Cuando uno bien que el otro sabe que se pensó comprar chocolatería entera, pero el factor sociedad y detalle es más bonito, me dijo mi vecina.

¿Detalles?

Preferiría que sea un nombre de un dios griego, antes que esa mal usada palabra, que me tiene por podrir.

yo organos

Miedos.

¿Qué sería de aquellos dos?

Si alguno hubiese tan solo intentado aproximarse…

Tiempo de más hubo. Hubo es pasado, y tal vez ya no sirva.

Tal vez es inseguridad y por inseguridades se escribe este texto.

¿Qué sería de aquellos? Pues nada.

Por mismas cosas no pasó, que al tiempo que pasan me entero que siguen vivas y creía muertas.

piers

Con sentido.

Por mucho que sentía, no lograba concretar aquel fuerte sentir que no lo dejaba ni respirar

Creyendo que dormía y las penas descansar, alimentaba el miedo de la vida al caminar

Confuso era su día y sus pasos al andar

Desconfiaba de aquellos y el sol al desconfiar

No creo que sea miedo lo que hace a él llorar, lo viernes por la tarde en la barra de algún bar

Tal vez melancolía, que el mundo dejó ahogar

Los barcos largos flotan, en el largo y triste mar

Mis penas ando dando, en hojas de cristal

El texto va acortando, la tinta brilla más

Mis ganas van matando, al alma de esta ciudad

Que raro el ser humano, que raro y triste Juan

Ponerle un nombre falso, no, no me servirá.

Que conocí

Tiempo pasa y uno sigue en lo mismo. No encontrar una pareja o alguien con quien compartir tantas cosas que quisiera empieza a atormentarme. Por fin me siento listo para empezar de nuevo en esto, pero me cuesta confiar en mi. Me cuesta de por si confiar en la gente mucho, pero ahora me doy cuenta que la confianza empieza por uno mismo, y no confío ni en mi. Sentir que haces mal las cosas, que lo que digas puede ser estúpido o más aún lo que puedas dejar de decir. Sé que el que busca mucho no encuentra y que las cosas llegan solas, pero tampoco creo mucho en la ley del mínimo esfuerzo, donde las cosas suceden de modo Deus Ex Machina. Ando ansioso, preocupado, nostálgico y sin ganas de hacer mucho. Me vuelvo obsesivo cuando quiero algo y me pongo mal si no va como quiero. Peor aún: no se cómo lo quiero.

La conocí no hace mucho. Estaba enamorada, o así lo decían. Ya no anda con el mismo. Pero tampoco anda sola. Anda con sus ideas. Ideas que me confunden. No se leer lo mensajes. No entiendo. ¿Si?, ¿No? No sé que hacer. A ver si me ayudas tu, la chica que conocí, no hace mucho y que espero sus ideas lleven a mi una respuesta y esa respuesta a mi.

 

manos

Llovía.

Era la primera vez que lavaba mi ropa. Ya era tarde y empezaba a sonarnos la barriga de hambre. Eran bicicletas nuevas en las que andábamos, aunque eran más malas que el arroz del menú de la Av. Unión en Barranco. Pedaleábamos como niños; sin apuro, conversando y haciendo maniobras, las cuales no practicábamos hace años.  Primero la calle N sur por cinco cuadras, luego a la derecha hasta la Av. Federal, a la izquierda varias cuadras hasta la tienda de los hindús.

Parecía que los hindús ya tenían tiempo viviendo allí. Dominaban muy bien el idioma y al parecer a los policías también. Vendían crack al igual que golosinas.

 

Ya andábamos de regreso, satisfecho y listos para ir a casa cuando nos topamos con una recién conocida del trabajo. Era chilena, 27 años y se llamaba Paulina. Justo parábamos a saludar cuando empezó a llover. Polo afuera y abajo del trasero atiné a hacer. Era primera vez que lavaba mi ropa y no quería tener que hacerlo de nuevo tan pronto. Con la lluvia y saludos de por medio no noté a su amiga. Era baja, pelo oscuro ondulado y todo mojado por la lluvia. Tenía un pantalón negro, rasgado por las rodillas. Zapatillas slip on, polo oscuro, mochila, una maleta grande y al parecer un humor de mierda. Daba de golpes a un teléfono público y en su español argentino puteaba a toda la humanidad y demás. Con una sombría sonrisa Paulina la presentó. Lorena se llamaba. Era de Argentina y era su segunda vez por esta ciudad.

Casi instantáneamente quedé enamorado. Solo quería ver a esa mujer por toda mi vida, a toda hora. Solo verla y verla, analizarla, olerla, ser su sombra, ser parte de ella. Estaba hecho un imbécil.

Paulina mencionó algo de unas cervezas más tarde. Yo no había escuchado nada todo ese tiempo porque mi mente solo miraba a Lorena en silencio. Dije sí, cervezas más tarde. Intercambiamos números telefónicos y nos fuimos. La lluvia ya había mojado todo y empezaba a hacer frio. Nos despedimos y pedalee. Pedalee como nunca antes, bajo la lluvia, feliz, con frio pero feliz. Solo quería que sea más tarde. Quería ver a esa chica después. Hablar con ella. Escuchar su voz. Contarle un chiste. Escucharla reír. Tal vez sea la indicada. Sí, es la indicada me dije. Seguí pedaleando.

lluvia

Por fin puedo decirlo: Hago lo que amo.

Ayer fue la segunda vez en mi vida en la cual me subí a un escenario a actuar. La primera vez que lo hice tenía diez años mas o menos, cuando actué de Zazú en El Rey León. Ahora tengo 22 años y luego de mi primer ciclo de tres meses increíbles en una academia de actuación hicimos una muestra de improvisación.

Primero bailamos una canción de El Rey León, donde hice de mono y luego, sin tiempo ni para desmaquillarme, ya estaba actuando en la muestra. Creo que nunca he estado tan nervioso como ayer. Sentía que me temblaba el cuerpo y la boca y no dejaba de sudar. Luego de unos minutos en el escenario me olvidé del público y creo que sucedió lo más importante de todo: Me divertí como nunca.

Recordé esa sensación que no sentía hace más de diez años. Estar en escena, ser otra persona por un momento, mostrarlos al público, que se rían de algunas cosas que digas, o lloren por otras, la verdad es un sentimiento único y espectacular.

Por fin luego de tanto tiempo buscando algo que me motive en la vida, algo que me llene en serio, lo encontré. He encontrado en la actuación mi destino. Siento que quiero ser actor. Quiero dedicar mi vida entera a este arte tan increíble, que logra descubrir partes y sentimientos de mi cuerpo que jamás creí que existían.

No es solo es actuar lo que me encanta. Me encanta el ambiente en el que se vive este arte. La gente de la que se está rodeado. Siempre tan positiva, sincera y agradable.

Por fin puedo decir, con seguridad, hago lo que amo. Y no lo pienso dejar de lado como muchas actividades que a lo largo de mi vida no las he logrado concretar. Con esto llegaré hasta el fondo, porque quiero ser actor. Cueste lo que cueste.

 

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