El mismo trabajo en sí y no la misma vida me causa angustia, curiosidad y poca tranquilidad.
El tiempo, que es contado en unidades, se contradice a la idea humana de comunidad. De ser más que uno solo, compartir, sacrificar y ceder.
Unidad es de uno. Y el tiempo se cuenta de a uno. Y el tiempo, compartido o no, termina siendo de uno.
Valores que damos a culpas y modales a verdades, contadas e interpretadas por otros a manera de tradición.
El poco interés de saber qué es lo que pasó. ¿Dónde vamos? Pregunta que hacemos a diario aún sabiendo la respuesta desde el primer día que obtuvimos conciencia.
A morir es la respuesta correcta y sincera. A preocuparnos es la absurda reacción. A compararnos es la clásica acción. A distinguirnos es la típica intuición. A medir y dar valor es la estúpida razón.
No sé mucho. Es más, no sé nada. Quizás solo sé poner en orden las letras del desorden de pensamientos que rondan en mi cabeza. En silencio.
El desorden lleva mi voz de narrador. No molesta, pero sí que es disperso. Pues el ejemplo más claro es leer esto, que estoy seguro algún sentido le encuentren los expertos. Y no me refiero a los sabiondos en literatura y las lenguas en general. Sino más bien los que algo del cerebro han estudiado. Creo haber leído que suele ser el inconsciente el que se expresa mediante la escritura pero, en este caso, igual yendo hacia atrás, no le encuentro sentido alguno.
No niego que es liberador narrar sin sentidos que tendrán sentido.
Tampoco niego saber la respuesta correcta y tal vez más concreta, que repito, es la única sincera y que todos sabemos. Pues nada importa y no en la forma de “Hagamos lo que sea, que viva la anarquía y que no hayan reglas”, sino en el sentido que, pase lo que pase, nuestras vidas un día se van a acabar.
Los recuerdos son lo único que dejaremos. Las vivencias, los corazones conmovidos y tocados. Todo lo demás no importa y nunca importó. Hoy entiendo mis ganas de exprimir la rutina, de encontrar placer en la adrenalina y gozar como niño.
Hoy más que nunca sé que odio está línea cliché que estoy por escribir para terminar este texto. Me es floja y vacía pero busco otra manera de decirlo y no se me ocurre nada. Así que la escribiré, firmaré el texto con la fecha de hoy al lado. Guardaré el lapicero dorado que compré en el centro de Lima, el cual me encanta y me ha ayudado a volver a escribir. Aquí va:
Todos algún día vamos a dejar de existir física y mentalmente.
*Escrito el 23.03.2023. no sé dónde ni por qué.



