Fijados en las sólida estatura de nuestros cuerpos. Estáticos, como cuando muramos y quedemos postrados en la última posición inhumana y ajena a nuestra naturaleza.
Seres eternamente dudosos de acciones. Juzgados, atorados y desplazados. Desde el interior hacia afuera. Hacia la intranquilidad de ser uno mismo. Sin dañar y dañado, cansado y apagado.
Ajeno y eterno, fugaz y quizás, solo quizás.
