atrás, detrás de mí.

Como sobre pensar.
Como soltar, dejarse caer.
Como coquetear con la idea de la oscuridad eterna, del sin fin de oportunidades que da la fantasía de tan solo no pensar y que lo que no vemos con los ojos apague también los pensamientos.
Todo eso que es huir de uno mismo. Ese recurso del olvido profundo, desconexión adrede, del parchar los huecos del recuerdo con lo que tengamos a la mano. Con todo aquello que se termina disipando como el humo en el que estamos muchas veces. Intentando sobresalir del vacío. Porque con el intento de sobrepasar este malestar crónico, confundimos las leyes de la física e intentamos cubrir un orificio con gases o calmar un fuego interno con alcohol. Y es que estamos desorientados, deshidratados y agotados.
Y entre malestares y desventuras nos alejamos del por qué, del inicio y del motivo, y terminamos en un nuevo por qué, y más perdidos y molestos. Y nos tentamos nuevamente por el oscuro pensar de no pensar más.
Al final, en la oscuridad eterna, el pensamiento no se detendrá, pues creo, solo creo, que lo que no se resuelva enfrentado te perseguirá como sombra y mantendrá muy asustado.

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