En la era del cliché.

Siempre anduve reclamando que éste no era el lugar adecuado. Recuerdo desayunos, almuerzos, cervezas, golosinas, esquinas de parques, bancas mojadas, noches frías y tardes de calor que acompañaron la misma plática: larga y aburrida. Los aliados eran siempre los mismos, lo temores también, y las ganas de partir iban creciendo al pasar de los minutos. Recuerdo el día que decidí partir. Dije o es hoy día o nunca lo haré. Suena cliché o a película hollywoodense, pero fue verdad. Tomé la decisión y salí. Me decía por fin. Se acabó el sufrimiento. Ahora sí. Recuerdo el momento exacto en el que salí de la puerta de mi casa, vi las maletas en el auto y la angustia sentada en el lugar del copiloto. Se me encogió el estómago y la boca se me secó. Me pregunté si estaba loco, que por qué partía lejos de casa, qué me habían hecho allí para yo abandonarlos de esa manera tan repentina.

La nueva ciudad era agradable. Muy diferente a mi Lima. El idioma: inglés. Muy diferente al de Estados Unidos. Un choque cultural tremendo. Diferencia horaria abismal. Clima muy cambiante. Era otro mundo. Nada similar a lo que conocía en mis 25 años de vida. Ahora tengo 26. A puertas de los 27. Hoy se repite la historia, pero en dirección opuesta. He aprendido más que lo que pensé que jamás uno podría aprender. La universidad ha sido una experiencia buenísima, pero la vida me ha enseñado más que cualquier profesor. Lo que sobraba hoy lo valoro y aprecio. Lo que no tengo, lo deseo, pero no me aloco, hay cosas peores. Hoy dejo mi nueva casa y vuelvo a la antigua. De la cual en algún momento quise huir. A la cual no veo la hora de pisar. Quiero oler esos cuartos, escuchar las voces, ladridos y gritos. Quiero oler la comida del almuerzo cocinarse a eso de las once de la mañana. Quiero una limonada y una conversación en la mesa. Quiero muchas cosas con las que viví mucho tiempo. Anhelo lo que tuve, deseo lo que dejé.

Tres meses será el tiempo que disfrutaré de lo que rechacé. Tres meses que espero pasen a la velocidad de un caracol. Luego toca volver de nuevo, a mi nueva casa en mi nueva ciudad. Por un periodo más.

Para seguir con los clichés; uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

1 comentario en “En la era del cliché.

Replica a Maria Eugenia del Solar Barco Cancelar la respuesta