Como el cigarro.

Las ganas del cigarro siguen intactas. Escupe al piso. Se rasca las costillas y se muerde las uñas de la mano izquierda. Con la derecha espanta las hormigas que se le andan subiendo al pantalón y la saliva que le salpicó al escupir. 
A lo lejos escucha sonidos extraños. Voltea. Es un charapa discutiendo con su esposa por teléfono. Por la vestimenta es doctor o enfermero. Quizás estudiante aún. 

Los perros en el parque corren sin correa, lo cual lo altera y pone un poco inquieto. De chico un perro le mordió y hasta ahora anda medio chocado. 

En casa lo espera Dumbo. El único ser vivo con el que ha logrado mantener una relación duradera. Pues es un conejo y como buen conejo no hace nada. Quizás por eso lo quiere tanto.

Han pasado ya 40 minutos y él sigue ahí sentado. El cigarro está en su mente. Al igual que ella. Y es que ella y el cigarro son muy parecidos. Ambos malos en su vida. Ambos presentes día a día. Ambos un mal necesario.

 Ambos le hacen tanto daño.

Daño que por él, es muy bien aceptado.

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