Por fin puedo decirlo: Hago lo que amo.

Ayer fue la segunda vez en mi vida en la cual me subí a un escenario a actuar. La primera vez que lo hice tenía diez años mas o menos, cuando actué de Zazú en El Rey León. Ahora tengo 22 años y luego de mi primer ciclo de tres meses increíbles en una academia de actuación hicimos una muestra de improvisación.

Primero bailamos una canción de El Rey León, donde hice de mono y luego, sin tiempo ni para desmaquillarme, ya estaba actuando en la muestra. Creo que nunca he estado tan nervioso como ayer. Sentía que me temblaba el cuerpo y la boca y no dejaba de sudar. Luego de unos minutos en el escenario me olvidé del público y creo que sucedió lo más importante de todo: Me divertí como nunca.

Recordé esa sensación que no sentía hace más de diez años. Estar en escena, ser otra persona por un momento, mostrarlos al público, que se rían de algunas cosas que digas, o lloren por otras, la verdad es un sentimiento único y espectacular.

Por fin luego de tanto tiempo buscando algo que me motive en la vida, algo que me llene en serio, lo encontré. He encontrado en la actuación mi destino. Siento que quiero ser actor. Quiero dedicar mi vida entera a este arte tan increíble, que logra descubrir partes y sentimientos de mi cuerpo que jamás creí que existían.

No es solo es actuar lo que me encanta. Me encanta el ambiente en el que se vive este arte. La gente de la que se está rodeado. Siempre tan positiva, sincera y agradable.

Por fin puedo decir, con seguridad, hago lo que amo. Y no lo pienso dejar de lado como muchas actividades que a lo largo de mi vida no las he logrado concretar. Con esto llegaré hasta el fondo, porque quiero ser actor. Cueste lo que cueste.

 

Imagen

Deja un comentario