Tres, dos, uno, acción.

Va callado y observando mucho. El ritmo de instrumentos de percusión dominan su lapicero que golpea sus muslos. Todos andan muy enérgicos. Y es que es viernes y ya todos olvidan la mierda de trabajo que tienen. Olvidan que somos humanos. Que nacimos gritando, desnudos y libres.
Falsas bromas, sonrisas, todos están felices. Que extraño, si son las mismas fieras que días atrás se mataban entre ellas… Total, el lunes comienza la masacre. El lunes se olvidan lo lindo del mundo, saben su realidad y comienza la función.

Ja.

Es cuestión de segundos.

Tenerlo todo bajo control perjudicó su desempeño como persona.
Buscar las palabras correctas, logró que el resultado expuesto sea totalmente opuesto a la sinceridad expuesta de su ser.

Mantener posturas y comentarios hizo que la idea que se obtuvo del todo, sea parte de la cual él no era partidiario.
Y es que son olores, sabores, sonidos y lágrimas las que me cuentan que el reloj del tiempo va avanzando y no piensa detenerse.

Y son estas ganas de que el tiempo pase lento. Que se tome descansos. Que se siente en tierra firme, que respire el aire puro, que aniquile la sed de la ansiedad, que aproveche la dicha de la observación, que se ponga de pie nuevamente y que por cada paso que dé, por mínimo que sea, se aproveche en su totalidad.

Y es que el tiempo, tiempo no tiene, vamos pa’lante, que esto no se detiene

Diario es día a día.

Vamos caminando juntos. Estamos uno al lado del otro. En un momento me pierdo mirando el lejano horizonte y tú te detienes para recoger una envoltura tirada en el piso. Yo no me doy cuenta y sigo caminando. Doy como quince pasos más y aun no me doy cuenta. Tú estás buscando donde hay un basurero para botar la envoltura. Miras a la izquierda, a la derecha, atrás, y por fin ves un tacho. Te diriges a él. Botas lo recogido del piso, te limpias las manos con el jean y levantas la mirada para buscarme. Y no me ves. No me encuentras. Te paras sobre los dedos de los pies, buscando crecer algunos centímetros y tener un mejor campo de visión. Pero no logras verme. Miras atrás, a la derecha, izquierda, al frente. Nada. Y es que yo ya no estoy. Al igual que tú, que ya no estás. Porque ya ambos nos fuimos. Ya ambos nos dejamos. Pero sé dónde vas. Y sé porque estás ahí.

Y tú, ¿Sabes dónde estoy? ¿Sabes dónde fui?

Que ando un poco perdido, queriendo más de ti.

Hoy sí. Mañana: tal vez.

Estaba sentado en la banca de color marrón… esa que daba directamente a la playa central cuando te vi. Pasabas corriendo atrás de una toalla roja que se llevaba el viento. Pensé en ayudarte, pero vi algo en tu mirada que me dijo que si trataba de ayudarte, serías de esas que te mandan a la mierda y dicen: Yo puedo sola.

Y ahí supe que me gustaste.

Efectivamente pasaron dos metros más y un señor intentó ayudarte. Y lo mandaste a la mierda.

Regresabas con cara de molesta, arreglando la toalla con ambas manos. Pasaste al frente mio y ni me viste. Yo estaba sentado fumando un pucho con mi skate al lado. Tú empezaste a bajar las escaleras hacia la arena y yo ya empezaba a pensar en cómo lograría hablarte, saber quién eras, poder llegarte a conocer.

Ya una vez en la playa, pusiste tu toalla sobre la arena, te sacaste el polo, el short y te echaste sobre la toalla. Sacaste un libro de tu cartera y empezaste a leer. Pensé en bajar, sentarme al lado tuyo, preguntarte qué leías. Pero había algo en tu mirada que me decía que querías estar sola, que estabas sufriendo y no era el momento adecuado para que un extraño te empiece a hablar… lo primero que pensarías sería que quería simplemente tener algo contigo porque me habías gustado físicamente. Pero esta atracción fue más allá de algo físico. No sé si fue amor a primera vista. Simplemente fue algo indescriptible que me pasó y listo.

Habían pasado ya dos horas y tú seguías leyendo sobre la toalla. Ya te habías bañado en el mar como dos veces y comido unas papas fritas que traías en la cartera. Yo seguía sobre la misma banca, con el mismo skate al lado, con un cigarro en la boca y la idea de cómo lograría saber de ti.

Una hora más pasó cuando por fin decidiste pararte e irte de la playa. Me puse nervioso. no me reconocía. Nunca me había pasado algo parecido y ya no era un niño. Ella ya había guardado su toalla y se dirigía hacia las escaleras.

Cada paso que daba en dirección hacia mi me comprimía el pecho y me dejaba sin aire.

Por fin logró subir las escaleras. Giró a la izquierda y empezó a dirigirse a donde estaban las bicicletas cuadradas. Al pasar por el frente de mi banca ni se percato de mi existencia. Y es que para ella yo no existía. Me puse de pie y empecé a seguirla cual acosador, sin que ella se diese cuenta. Esperé que le saque la cadena a su bicicleta y la monte. Cuando empezó a pedalear, subí a mi skate y fui tras ella. Pedaleó como veinte cuadras hasta que llegó a su casa. Amarró la bicicleta a un poste e ingresó. Yo me quedé en la esquina. Ya sabía donde vivía, pero no me servía de nada. Me provocaba agarrarme a patadas por ser tan cobarde. Estuve ahí mirándola más de tres horas, la perseguí cual acosador hasta su casa y ni si quiera le pude decir una palabra.

Me empecé a acercar lentamente a su casa hasta que por fin me encontré parado frente a su puerta. Pensaba tocar el timbre, pero ¿Qué le diría una vez que abriese la puerta? Metí mi mano al bolsillo derecho de mi short y saqué una llave. La metí en la chapa de la puerta y abrí la puerta. Di dos pasos y ya estaba en la sala. Giré a la derecha y la vi en la cocina poniendo la mesa para comer. Era una mesa para dos personas. Ella volteo, me miró de frente a los ojos y me dijo: «¿Comemos amor?». A lo que acerté con la cabeza.

Para ese entonces ya teníamos tres años de relación. En el segundo año tuve un accidente en el skate. Me golpeé fuertemente la cabeza y habían lapsos en mis semanas donde perdía la memoria. Ahora que estoy consciente de todo, en este preciso momento que escribo esto puedo decir que ella es la mujer de mi vida, que no importe cuantas veces la olvide al día, semana, mes o año, con tan solo pasar al frente mío bastará para que haga cualquier locura y trate de conquistarla.

Cálmate.

Es la calma la que a mí me pone intranquilo.

Es la monotonía la que me desespera un poco y me hace dármela de pensador y cuestionar las cosas de la vida.

Es la calma la que a mí me pone intranquilo.

Esta calma, Dios, a mí me pone intranquilo.

por dentro…

Hoy tal vez las ganas que tenía se han ido diluyendo.

Hoy tal vez el texto que inventamos se haya ido perdiendo.

Hoy tal vez fue bueno el escucharte y saber que aun te llevo dentro.

Hoy tal vez noticias que me has dado me harán andar huyendo.

Hoy tal vez la imagen que tenía de ti se ha ido perdiendo.

Hoy tal vez tu voz ya no taladre tanto en mí como cuando andábamos corriendo.

Hoy tal vez sentir que ando solo me haga morir por dentro.

Hoy yo sé que tú andas feliz.

Siento palmas por dentro.

Ya es de noche.

Un suspiro, mirada al frente y paz. Ve la calma representada en agua tranquila y el sonido de los grillos. La luna estaba fresca como siempre. Sobre él . Mirándolo. Y él que se acomodaba la gorra para que no descubra su rostro. Y es que ella ya lo conocía. Sabía sus manías y ademanes. Él lo tenía muy claro y se esforzaba por ocultar sus grandes rasgos.

La noche iba cayendo y en ella él había descubierto un nuevo refugio. Temía volverse adicto a ella, como la había hecho tiempo atrás con otras. Pero esta vez parecía diferente. Esta calma de presencia oculta parecía comprenderlo. Él andaba muy confundido. Buscando señales y esperando respuestas del cielo. Temía por la muerte y el paso del tiempo. Tenía claros sus ideales, pero le costaba mucho ir por ellos. El que dirán contradecía la marca imborrable sobre su brazo derecho. Donde había jurado recordarse lo que nunca debía hacer: caer en un sistema que no lo haría feliz.

Se podría decir que lo tenía todo. Salud. Trabajo. Familia. El dinero suficiente. Hogar. Aparentemente todo. Pero a él le faltaban algunas cosas. Le faltaba el motivo de sus latidos. El sentido a su sentir y dirección a su andar.

Tenía fe en encontrarlo. Tenía fe en que las cosas se alinearían para bien. Pero el reloj no iba en reversa, y detenerse no era una opción

Sus lunes eran seguros. Tristes, pero seguros. Sabía que no quería y se planteaba fórmulas para replantear su vida. Pero al pasar los días se iba acostumbrando, arrullado bajo el sistema del que dirán. Del ya estoy aquí.

Hoy es domingo y tengo en la mente el lunes. El lunes en el que busco mi sueño. El lunes que hablo de esto. El lunes que dure hasta el lunes. El lunes que empieza en un cuento.

Y la noche no enfría, ni entibia. No aclara, ni oscure.

La noche me guía a pensarla. La noche me guía en silencio.

J*

Una sola mirada. Una sola palabra. Una intención de motivación positiva pudo haberme salvado esa noche.

Una lágrima. Sed de ilusiones.

Memoria difusa.

Sentimientos. Mezclados. Y extraños.

¿Te llamo? No, mejor no.

Y te escribo: te extraño.

Y tú eres como una institución. Como la burocracia. Eres procesos. Eres tediosa. Difícil. Lo opuesto a llevadero.

Y como te gusta quejarte de esto. Llanto.

Ira.

Malestar.

Y me nace decirlo: Acción. Reacción.

Risas. Insultos. Jódete.

¿Me jodo? Si ya estoy jodido.

¿Cómo decirle a un ahogado que se ahogue?

Más bien revive. Desahuévate.

Pero sigo ahí. Y me jodo. Si ya ando jodido. Si me tienes jodido.

I could be someone.

Eran las 11:11pm y pensé en irme. Pensé en partir, coger los pocos ahorros que tengo guardados, esperar que amanezca, coger algunas prendas e irme.

Tal vez en bus, tal vez en avión. Tal vez por Sudamérica. Tal vez hasta Europa. Solo sé que sentí esa necesidad de irme lejos. De partir por fin, buscar mi felicidad, alejarme de toda esta mierda, de toda esta gente hipócrita, de estos parámetros que definen tu felicidad, de todos estos deberes y responsabilidades, a los cuales me he sujeto yo mismo y siento que no los tolero más.

Solo quisiera sentarme en un bus. Ver por la ventana el paisaje de la carretera, escuchar música, leer un libro, no pensar en el daño que le estaría haciendo a mi familia y rogando que no me extrañen.

Y no es que quiera ser egoista. No es que sea un rebelde sin causa. No es que esté loco. No es que quiera llamar la atención de alguien en particular. No quiero ir en contra del sistema solo por que sí. Quiero ser feliz. Busco la felicidad aquí y no la encuentro.

Escuchando Tracy Chapman – Fast Car termino escribiendo este texto que alguna tensión logró liberar en mí.

… leave tonight or leave and die this way.