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Duro atardecer.

Presta atención,
Detalles suelen renacer
Es duro el triste acontecer
Y comprender que ya no estás.

Nunca olvides
Lo que me costó sostener
Tu vida cerca de mi piel
Tus ganas de querer volver.

Y te esperé
Siempre a tu lado me encontré
Ante lamentos decepción y la fuerte
desilusión.

Tranquila pues
Todo esto malo pasará
Los dos juntos vamos a estar
Nada nos podrá separar.

Si te fallé
Perdona, yo no lo intenté
Te quise siempre retener
Que no pensaras en volver.

Pero es así
Tus ganas hoy ganaron ya
Estás decidida a olvidar
A comenzar sin marcha atrás

Pues no olvides
En mi siempre podrás confiar
Cuando te provoque volver
No dudes venirme a buscar

Aquí estaré
Sentado solo en el sillón
Mirando el triste atardecer
Que ruega por verte volver.

 

 

¿Quién sabe?

Firmemente me niego a cautivar.
Lo pasado ya no está.
Lo que viene te dirá…
si vas bien o vas muy mal.

Lo que ya no es duro hoy,
cubre el triste amanecer.
La ventana se cerró,
el nevado está a tus pies.

Salta y corre corazón.
Que jugueteemos los dos. Que el loco ya se esfumó.
Y en el balcón nos desnudó.

Ahora expuesto y sin dolor.
Te miro y solo recuerdo,
lo que solíamos hacer…
en tardes de viento como ayer.

No te permitiré volver.
Tu lugar ya no está aquí.
Pues decidiste abandonar.
Tu vida y la mía
quizás.

Aun recuerdo.

Te fuiste una mañana de invierno. Te fuiste para no volver más. Bajaste la escalera eléctrica, te pusiste los lentes de sol y no volteaste más. Yo me quedé estático, agarrando los tirantes de la mochila que andaba atada a mi espalda… atada como tú a mis vértices. Vi tu pelo desordenado deslizarse sobre la faja metálica.

Cada vez más pequeña.

Cada vez más lejana.

Cada vez más ajena.

Cada vez más tú.

cba

El sol a cierta edad.

Que costumbre más extraña tenía de mirar el periódico de atrás para adelante. Felizmente era un tabloide el que leía todas las mañanas, por lo que solo le tomaba unos cuantos minutos. Su preferencia por los periódicos chichas seguía intacta. Primero El Trome, seguido de El Chino y siempre guardando para el final al gran Ajá. Su vida estaba llena de manías y rutinas. No usaba zapatos, ni zapatillas: siempre usaba pantuflas. Medias largas hasta casi la rodilla. Pantalones en tonos marrones y siempre de corduroy. La correa era una sola. La misma desde hacía ya casi veinte años. Las camisas siempre a cuadros. Ni polos simples, ni polos con cuello. Un chaleco cubriendo el pecho, haga frío o calor. La chompa era infaltable, pues con la ineficiencia de Senami, uno nunca sabía el clima del día. Los desayunos, almuerzos y comidas estaban divididos por los días de la semana. Era muy disciplinado con lo que comía y solo, pero solo los domingos podía darse el lujo de freír un huevo o acompañarlo tal vez de un pedazo de tocino. De lunes a sábado y sin excepción desayunaba frutas: mandarina, papaya y piña, un café americano sin azúcar, dos tostadas de pan integral y un par de huevos escalfados. Los almuerzos eran: arroz blanco, lechugas y tomates frescos y algún tipo de carne cocinada al horno, pues decía que era la manera más saludable de comer las carnes. Paco era su único amigo. Un loro de ocho años de edad al cual tenía dominado bajo las mismas rutinas que él.

Él y Paco solían conversar por las mañanas. Era más un monólogo que una conversación, ya que Paco solo sabía decir dos palabras: choclo y mamacita. Por las tardes salía a pasearlo. Lo ponía sobre un viejo palo de escoba y le daba un par de vueltas al parque que quedaba al lado de su casa. Los vecinos conocían ya muy bien a ambos. Los saludaban por su nombre y a sus espaldas cuchicheaban sobre lo loco que parecía estar. Él sabía que hablaban de él, y sabía que no decían las mejores cosas. Pero a él no le importaba, pues estaba tranquilo a su manera y eso era suficiente.

Sus hijos estaban peleados con él. No se hablaban hacía más de cinco años y ya ni se acordaba por qué. Elena, la mayor, ya tenía 47 años y dos hijas mujeres: Julia y Verena. Rolando tenía 45 y dos hijos pequeños: Mario y Marcos. Para los cuatro nietos hablar del abuelo era un tabú y estaban prohibidos de hacerlo. Cualquier duda que tenían debían guardarla para ellos y hacerse como si no existiera. Ante eso, siempre que se juntaban los cuatro primos conversaban sobre el abuelo, inventaban historias y lo hacían protagonista de sus fantasías. Lo que era un hecho es que siempre era un héroe.

El abuelo anda muy enfermo y ni Paco aun lo sabe. Él no anda deprimido y la tristeza no lo invade. Los problemas con sus hijos permanecen intactos. Aunque en su mente aun no encuentre la razón de este hecho. Los periódicos y desayunos han perdido protagonismo. Se ha olvidado de la rutina y las manías ya no existen. Paco anda hambriento y muy molesto con él. Pues de alimentarlo se ha olvidado y de los paseos también. Ya no son ni zapatillas ni zapatos ni pantuflas, ahora él anda solo en medias, negras, viejas y gastadas. Los pantalones han sido cambiados por calzoncillos, las camisas por el cuero mismo de su piel y la correa anda tirada al lado de la cama, como una rama recién caída de un árbol. La barba anda sombreando su cara, y el peine y él han tenido una pelea imposible de conciliar. Anda muy hambriento, pero ya ni él lo sabe. Pues hasta de comer se anda olvidando.

Él camina por su casa, mira cuadros y adornos. Se sienta en su sillón de cuero negro, gastado y arrugado. Pone las manos sobre sus muslos. Recuesta la cabeza hacia atrás. Mira el techo fijamente. Y ahora cierra los ojos. Ve un campo verde. Ve a su hija y a su esposo, sentados en una mesa larga de madera sobre el mismo pasto. Al otro lado de la mesa ve a su hijo y a su esposa. A lo lejos vienen corriendo cuatro pequeños. Vienen con los brazos abiertos hacia él. Y parada al lado de la mesa la ve a ella. A la luz de sus antiguos días. A la antigua razón de su existir.  Está sonriendo, sirviendo los platos en la mesa, exactamente de espaldas a él. Y ahora ella voltea sobre su hombro y lo mira. Directamente a los ojos. Y sonríe. Y ahora él, que sigue sentado sobre el sillón, también sonríe. Por fin sonríe.

Hoy ya no.

No te seguiré, porque tú ya te detuviste.

No me detendré, por el hecho que tú ya no avances.

No te miraré, si tu mirada ya no va por acá.

No te llamaré, si tus respuestas son solo cuando así tú lo quieres.

No te juzgaré, pues ya tu vida te supo tratar.

No te apoyaré, pues para eso te tengo que hablar.

y de mí no sabrás más

ni de mi voz

olor, sentir, saber, querer.

Pues de mí te queda el recuerdo

de ese que fui.

De ese que te quiso y que hoy

ya no quiso más vivir bajo tu sombra.

¡Vamos! ¡Háblame!

Te reto.

De pie se vive mejor.

Aferrado a la idea de lo que fuiste me senté a esperarte. Pasaron varias estaciones y ni ante el fuerte frío ni inquietante calor me levanté de esta banca.

Muchas personas se sentaron al lado mío en este ciclo. Vinieron niños, jóvenes, ancianos y hasta perros. A todos les conté de ti y todos me escucharon muy atentos. Cada uno tuvo una opinión diferente, pero coincidieron en algo: eras auténtica.

A la hora de despedirse, cada uno de estos me deseó el bien, suerte y que tenga paciencia … Pues cosas buenas pasan a los que esperan. Y yo, muy confiado, esperándote seguí.

Hoy ha pasado ya un tiempo y por primera vez me paré de la banca. Mis piernas fueron las primeras en quejarse. Luego mis espalda y así cada una de las partes de mi cuerpo. Los primeros pasos fueron difíciles. Era como aprender a caminar nuevamente. Poco a poco fui avanzando hasta que entré en calor y puede hasta correr. Fue agotador la verdad, pero grandioso.

Ya han pasado algunas semanas desde que me levanté de esa banca. Todo anda bien … Y hasta a veces paso por ahí … Y la verdad que…

Es lindo recordarte.

Ruta sin fin.

Ya no me preocupa tenerte. Creo que te he superado. Ya no me duele pensarte, pues de mi tu ya te has olvidado.

Caminamos a pasos distantes. Yo siempre detrás de ti.

Tu ritmo no es ágil ni rápido. Y aunque

El mío si

Me mantengo

distanciado.
Vas rodeada de tus ideas e ideales, 

y te cuento

Yo ya los enterré.
Anoche fui al entierro de mi mismo y ni tu estabas allí.

Y es que tal vez vas delante como siempre y tu auto no tiene retrovisor,

Solo mucha gasolina 

y un gran consumo por galón.
Por otro lado, yo me detuve hace un tiempo 

Hace un tiempo que no sigo aquí.

Pues ando en un 8 cilindros, es 4×4 y gran consumo,
Tanto que hasta te consumió 

A ti.

No se puede no sentir.

Es como si un eterno campo se contuviera a ser juzgado por el verde de su prado. Como si la perfección de los pétalos en las flores, deslumbraran angustia sobre procesos encadenados a resoluciones incompletas. Como si la burocracia y el papeleo constante, tuviesen que ser eufóricamente extrovertidos y espontáneos. Como si yo no fuese algo. Como si tu fueses la nada.

Porque me siento en la nada. En la nada, no siendo yo algo,

no en la que tú

eres completamente

nada.

Complicado. Sencillo.

Respirar puede ser tan dificil muchas veces. La fluidez natural de las angustias al correr por los pasajes de historias y situaciones se pierde. Se debilita. Y hasta muchas veces, se detiene. 

Cuando algo así de sencillo pierde simplicidad es cuando te preguntas si realmente la vida es la suma de cosas simples. Trazos separados que forman el paisaje o el arte final como resultado.

Hoy en día me cuesta respirar. Se me aprieta el pecho. El camino está poblado. La ruta está llena de desvíos y ya no sé cuál tomar. Cuál es el correcto.

Porque cuando lo sencillo se convierte en complicado es porque está siendo complicado actuar con sencillez.