saludescapatoria.

No sé qué pasó con aquel ser que todo se le hacía complicado. No sé qué fue de aquel persona que veía acumularse el tiempo y los pendientes en la cómoda. Apiñarse como las hojas de los árboles en el borde de la acera tras un día ventoso. No sé qué sucedió con aquel sujeto que acumulaba preguntas sin respuestas. Acumulaba dudas y sin sabores en el cajón al lado de la cama. Al costado de las migajas de planta seca y semillas separadas. Qué pasó de aquel joven que miraba el mundo suceder desde la ventana. Apreciaba el volar de las aves, el movimiento de las ramas, las rutinas de los que no tenían la suerte de tener problemas. Ese joven, ese testarudo y propenso al catástrofe. Propenso a la desventura, al caos, al mal sabor de las situaciones más mundanas. Ese soñador de una situación mejor, ese optimista de la mejoría. De las buenas noticias, de la llamada esperada que lo saque de esta rutina pantanosa. No sé qué pasó con aquel delgado y desganado hombre. Aquel somnoliento ser que transitaba todos los rincones acompañado de una nube de espeso humo. De mentira, de falacia, androminia, paparrucha, trola, embuste.

No sé qué pasó con aquel personaje. Con aquel ser que vivía con la sensación del final cercano. De la pausa infinita. Del basta definitivo. De la calma postergada en el tiempo. De dejar de sentir. De parar de pensar. De desconectar la máquina sin importar qué vendría después. De retar las religiones y creencias. De recibir respuestas imposibles de contestar. De descubrir lo que nadie ha podido descubrir en años de humanidad. De buscar cualquier motivo para presionar el interruptor. De visitar la oscuridad. De averiguar si es que realmente es oscuro o no. De saber qué es ese lugar. De saber si ese lugar es realmente el fin del caos o simplemente una perversa prolongación de lo mismo.

No sé qué pasó con ese joven entusiasta por el futuro. No sé qué pasó con ese adolescente receptivo de energía. No sé qué pasó o qué tuvo que haberle pasado. No sé qué es de aquel chico. Ese chico que soy yo. Ese chico que vivió lo que tuvo que vivir para ser quien es hoy. Que tuvo que vivir lo que tuvo que vivir para existir. Que tuvo que mirar desde lejos la felicidad para saber cómo se veía. Que tuvo que cuestionarlo todo. Todo el tiempo. Que tuvo que buscar todo tipo de motivaciones y distracciones para evitar presionar ese interruptor. Ese botón por el que tantas veces fue tentado. Por el que tantas veces consideró como una opción. Una salida de emergencia. Un llamado a la calma. Ese chico que hoy a sus 35 años ya no es un chico pero se siente como uno. Que sigue escuchando punk, andando en skate, vistiendo informal y caminando un paso tras otro a la vez. Al ritmo que eso se lo permite. Tratando de entender que no hay respuestas a tantas preguntas. Que el camino se hace al andar y que el que se va formando es el correcto. Que aún lucha contra comparaciones. Que lucha por respetar quien es sin importar lo que piensen los demás. Que busca protegerse. Que aún busca en el arte una escapatoria, una salida más sana que la muchas veces pensada o transitada. Que haga honor a este blog que comenzó hace ya catorce años buscando al escribir su salud mental. Que encontraba en escribir una escapatoria. Una saludescapatoria.

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