al espejo.

Tras un accidente, que es dormir, ha ingresado a la imagen un antiguo sol. Menos radiante que ayer pero igual de fuerte como para iluminar «algo» una habitación bastante oscura y cerrada ante polvo y humedad.

Tras un accidente, que es soñar, ha vuelto aquel vecino a preguntar nuevamente por condimentos que no recordó comprar. Y yo, de eso que pide, no tengo ni compro.

Tras un repentino accidente, que es volar, he vuelto a verlo en una versión pequeña, con una dulzura que maneja bien y con un recuerdo de lo que no es, no fue, ni puede ser. Con un recuerdo que fue vívido, vivido y que no olvido.

Tras un accidente, cruel, que es vivir se dan situaciones, sincronías, armonías. Se dan cruces de expresiones, etapas y situaciones. Almas se conocen, se cruzan, se aman, se apartan y no se ven más.

Tras un accidente, que es acertar, se toman decisiones que sostienen la larga estabilidad. Que es la antitesis de lo que fue y se fue con ello. Y se busca también, inconscientemente, recaer en ello, en lo que nos hace e hizo daño. Porque el caos es sinónimo de casa, de hogar. Y querer curarlo es amigo del problema. Y el amigo y el sinónimo, el caos y el problema pues se llevan muy bien. Y a uno, que soy yo, les caían muy bien.

Tras un accidente, lindo, que es recordar hoy he vuelto a recordarme desde un lugar que junto a la luz del próximo verano, cálido y caluroso, me dice que espero te encuentres tan bien como yo. Que seas tan feliz como lo estoy yo. Y que nos agradezcamos tanto como te lo agradezco yo.

Tras un accidente, que fue fugaz, volví a vivir y creo y quiero pensar que tu también.

*30/06/2025.

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