carrer esperança.

Son los recuerdos lo que me hace reflexionar sobre el paso del tiempo. Y me asusta.

Me asusta entender que el tiempo es algo que se mueve, en la realidad, en una sola dirección.

Porque el recuerdo es solo movimiento atemporal. De ese que, sentado en una banca mirando el movimiento de las ramas de un árbol a través de sus sombras en el piso, me hacen trasladarme a momentos pasados mientras que simultáneamente el reloj sigue avanzando, a su ritmo y sin prisa.

Al abrir una libreta como esta, en la que estoy escribiendo, me encuentro con textos antiguos y viajo en el tiempo hacia esos presentes, donde una parte de mí ya no está más ahí.

Levantar la mirada y ver una anciana sentada en una banca tomando el sol me hace pensar en que quizás ella a estas alturas no ande necesitando abrir libretas antiguas para recordar aquellos días y personas mientras el reloj del presente no da tregua.

En poco tiempo me tendré que levantar e ir en el ritmo del segundero a mi casa. Pues hoy tengo que trabajar y dejar de reflexionar sobre el paso del tiempo y el viento que mueve las ramas de los árboles y proyecta estas sombras en el piso, que a manera de segundero me recuerdan que en cada momento andamos generando recuerdos del mañana.

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