del caos a la calma.

El sol en la cara, los ojos chinos y el reflejo de mi barba en la pantalla del celular.

El bajo fuerte en mis oídos, palabras en inglés y las intactas ganas de oler el olor a hierbas, tierra mojada y olvidarme del sonido de la ciudad y los vecinos.

El aire helado, mis dedos helados, el día helado, lento, espaciado, en silencio. Lejos del caos, lejos de las ganas de comprar y obligaciones de atender.

Lo que tuve y hoy busqué. La necesidad de estar donde deseas y el constante deseo de estar donde necesitas se contraponen constantemente, son antónimos, enemigos, y me dificultan abordarlo todo.

¿Cómo vivir en la calma del silencio sin recurrir al caos para solventarlo?

En uno mismo debe de estar la respuesta.

De momento, el sol sigue en la cara, y los ojos siguen chinos. El aire helado al respirar y en los dedos. Y si me concentro un poco más, el bajo y las palabras en inglés se pueden trasladar a la calma, a la tierra mojada y el olor a hierbas.

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