Hay cosas que uno suele repetir. Es un patrón que está presente. O es muy latente o está muy oculto. La gran verdad es que su presencia es real.
Yo suelo andar de a uno. Suelo tomar decisiones tras un debate entre yo y mi otro yo. Y por más que sepa muy bien esto, suelo engañarme tras objetivos de un ajeno para más tarde, en el camino, darme cuenta que mi objetivo está por otro lado. Luego, consciente de ello, empiezo a ir por mi camino y tras un tiempo, corto o largo (pues varía mucho), vuelvo a distraerme por caminos y objetivos que no son los míos.
Esto me solía molestar mucho, me reclamaba a mi mismo cómo es que podía ser tan débil, tan poco presente.
Ahora me sigue pasando y creo que me seguirá pasando. Porque no creo sea algo malo. Es una ayuda a recordar por dónde es tu camino, por dónde te gusta transitar. Rodeado de quiénes y a dónde piensas algún día llegar.
Tampoco creo que la distracción sea el enemigo. Es más bien un amigo que te aconseja y vela por tu bien sobre todas las cosas.
