Opuestos necesarios.

Estamos un tanto asustados de la noticia que podemos llegar a recibir ésta tarde. El profesor ha dicho que estarán evaluando a Ramiro con los demás coordinadores. Que es una tediosa labor. Ramiro es inquieto por naturaleza. Nació inquieto. Nació queriendo dar la contra a las leyes que todos ya conocíamos. De muy niño recuerdo como se esforzaba por derribar cualquier objeto sólido con la frente. Esquinas de mesas, puertas, paredes de concreto, pisos de madera y mamparas de vidrio. Corría, tomaba un impulso titánico y dirigía su frente hacia la solidez que se le presente en frente. En algún momento pensé que tal vez las ideas le hablaban, allí adentro en su cabeza, a tan alta voz que al estrellarse de esa manera lograba apaciguar las voces que no lo dejaban pensar. Y en el colegio ésto se está volviendo inviable. Anda respondiendo a los profesores de manera desafiante y cuestionándolos por cada elección que toman. Los profesores son católicos y Ramiro en eso no cree mucho. Hace tantas preguntas con las que ningún párroco quisiera tener que lidiar. Pone en prueba la fe de los alumnos y eso los inquieta aun más. Andan buscando la manera de deshacerse de éste niño que con tantas preguntas sin respuestas anda exponiendo las inconclusas enseñanzas de una doctrina un poco ya vencida. De la sala salen los profesores y por las caras veo que no hay mucha esperanza. Ramiro se siente mal. Pues él ha decepcionado a sus padres. Sus padres se sienten mal. Pues los profesores los han decepcionado. Y ellos se marchan. Y nosotros también. Y no entendemos porque ahora no les dan una mano. Una oportunidad y aplican toda esa fe que profetan. Aplican un poco de caridad, humanidad y perseverancia ante un niño que tiene como mayor pecado y debilidad el pensar en exceso. El cuestionar los cielos grises, las risas gruesas, la saliva blanca, y el rojizo color de las nubes al atardecer. Que exige una respuesta un tanto más cercana a los real y posible dentro del mundo palpable al cual pertenecemos. Pero Ramiro no tiene esa oportunidad y tendrá que partir. Partir ahora es la única alternativa. Y ésta tal vez, aunque dura, será la mejor manera de seguir regando ésta mente que insiste en recorrer los caminos de la respuesta. Ahora los padres van con él y le ofrecen un helado. Que paremos en el Burger. Que si quiere de vainilla o chocolate. Y él que elige uno mixto. Porque quiere probar ambos. Quiere un poco de la palidez envolvente a la cual ha pertenecido. Porque quiere un poco del oscuro recorrido al cual se enfrentará. Y el cono va en la mano. Y de blanco a negro va jugando con la lengua. Y de negro a blanco va jugando con la lengua. Y los padres ya tranquilos van riendo entre mentiras. Y Ramiro que contrasta su helado con la vida se pregunta si es que la vainilla y el chocolate son amigos o enemigos. Si es que está mal querer de ambos. Tener un poco de ambos. Poco de bueno, poco de malo. Poco de ebrio, poco de sobrio. Poco de ácido, poco de dulce. Porque a él le gusta jugar con ambos. Él es feliz siendo un poco de ésto y otro tanto de aquello.

 

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