Nunca me gustó el olor de las rosas. Me daban alergia y transportaban a momentos de tristeza. Si no era un funeral, era aquella fiesta en la cual tuve que llevar alguna flor, planta o ser con pétalos. El cual acabó tirado en algún rincón del lugar o simplemente muerto tras una lenta situación de soledad en la cual el viento, agua y luz solar fueron retirados de su ser. Como castigo a un preso sin alimento o a un niño sin juguetes. Las flores no son de mi agrado y no es por terco. No busco dar la contra a su belleza, ni busco privar a mi ser de su alegría natural. Es simplemente una reacción, un hecho que causa pena en mí y en dos sentidos. Primero, por lo contado previamente. Segundo, porque por lo primero no puedo apreciar lo que todos tanto admiran, o dicen admirar.
El día que ocurrió lo que pensaba hoy contar, fue justamente una mañana en la que rosas, pétalos y vidas fueron regalos y ofrendas a la vida que partía. Esta vida no es cercana, no es humana y no la extraño. Esta vida era mi vida. Era lo que mis días solían ser antes de la tan trágica partida. La confianza andaba firme y los ojos muy vendados. La luz llegaba a tocar mi ser, pero yo no lo veía. Sólo lo sentía. Y fue una fría noche de Mayo cuando la venda se cayó. El viento era fuerte, la luz artificial, la calma la misma, mas la intención era otra. Aun ingenuo y a paso lento caminaba yo derecho. Creía que los cantos eran aves, que el viento era brisa y que la angustia no era más que hambre.
Pues que equivocado estaba. Había sido engañado. Vivía en una fantasía. Me tenían engatusado. Vivía lleno de mentiras. No conocía la traición. Que fea y larga sensación. No tener ganas de mirarte. No me provoca ni escucharte. Los ojos arden ahora viendo. Me tenías de tu mano comiendo. Veo tu boca pronunciando. Mis oídos se están tapando. Los ojos llenos de cristales. A mares lágrimas botaste. Yo ya no creo ni lo cierto. Lo ajeno ruego me ilumine. Tus penas lástima me dieron. Ni ganas de tocar tus senos. A ciegas y aun a media luz. Corrí a coger el último bus. Que me llevara de aquí lejos. Que me alejara de tus manejos. Ahora a plena luz del día. Camino ya sin la manía. De ir tocándote para no caerme. En el piso nunca vas a verme. Lo juro antes de hacer lo mismo. Prefiero saltar al abismo. Sin ropa y directo a las rocas.
Lo juro, tú no más me tocas.
