Estella sigue quieta. Parada al borde de la cama. Él sigue dormido, pero sintiéndola entre sueños. Como cuando sabes que te están mirando, que la mirada te toca la puerta y avisa presencia.
Él que abre los ojos. Ella que mueve la cabeza de derecha a izquierda. Que lentamente desaprueba su intención. Su mano se estira sobre las sábanas, buscando tocarle el muslo. Que la quiere con él, a su lado, en la cama.
Ella da un paso hacia atrás. Da la vuelta y directo al baño.
Él cierra los ojos. Suspira. Se rasca la cabeza. Abre los ojos, se sienta en la cama y le dice:
– Aún tomas café?
El silencio es prolongado y Estella que sale del baño. Ya cambiada. Moño en el pelo. Polo deportivo. Cartera al hombro. Zapatillas cómodas y las llaves del auto en la mano. Lo mira sin decir nada. Le hace una seña, moviendo la cabeza hacia la izquierda. Señalando la puerta del cuarto de hotel. Como quien lo invita a salir con ella.
Él sigue sentado en la cama. Con el torso descubierto y las piernas tapadas bajo las sábanas. Ahora el cierra los ojos lentamente y mira hacia abajo. Se prepara para salir de la cama, cuando la ve a punto de salir del cuarto. Muda. Sin decir nada. Él: con los pies sobre el suelo y aún sentado en la cama la mira.
– Aún tomas café?
Y Estella nuevamente muda. Ya con la puerta abierta. Parada en el umbral. Mirándolo fijamente a los ojos.
– Aún desayuno té con tostadas.
