Cansado de escribirte, me negué a recordarte. Ese día desperté, pensé en ti y me molesté conmigo mismo. Y un poco contigo, lo admito. Arranqué bruscamente tu foto de la pared y me fui a bañar.
Creía que lo tendría controlado y odiarte empezaría a serme fácil. Boté todo lo que me hacía recordarte… terminando sentado en el piso de un cuarto completamente vacío.
Miré arriba hacia el techo y suspiré tan fuerte que casi me quedo sin aire. Bajé la mirada y si: Quería llorar.
Me había quitado hasta la ropa para lograr mi objetivo, pero era en vano. Te tenía sobre mi piel y dando vueltas por todo mi ser.
Cogí la ropa, la foto, los muebles y el cuarto entero. Lo puse todo nuevamente en su lugar. Me cambié, salí al trabajo y en el bus pensé que tal vez mañana pudiese lograrlo. Me entró una sonrisa inesperada y motivó a que mi día fuese mejor, a que mañana tal vez lo lograría.
A que tal vez por fin podría sacarte de aquí
y de allá
y de todas partes.
Que al fin podría seguir adelante.
