Paciencia: la ciencia de la paz.

Tendido sobre una capa de paz. De oscuridad. Y de vida. Ahí. Se encuentra él. Y va cubierto. Atento. Con el objetivo claro. Pero nunca tan confiado.  

Él se enfrenta a una bestia. Se enfrenta a su proveedor. Se enfrenta al mejor. Y lo hace todos los días. Conoce sus mañas. Lo conoce muy bien. Aunque sea muy cambiante. Cambiante como su mujer. Él las compara. Él sabe que ambas son importantes en su vida. Y sabe que ambas tienen reacciones que muchas veces no comprende.

Y allá en la lejanía se aferra a lo desconocido. Se aferra a amuletos. A hombres. Morenos. De tez blanca. Mujeres de pelo largo y nombres femeninos. Repetitivos, pero que le aseguran el camino seguro.

Y el baile al que atiende es seguido. Muchos bailes son guiados por él. Muchos otros por ella. Muchas piezas elegidas por él. Muchas otras, rechazadas por ella. Pero al final de la fiesta. Siempre el resultado es positivo. Siempre es educado y agradecido con su pareja. Pareja que le da placer. Vida. Alegría. Angustia. Tristeza. Rabia. Y con la que aprende de paciencia.

Esa ciencia tan dichosa.
Esa ciencia de la paz.

Deja un comentario