La tarde ya muy tarde.

Por lo mismo fue una vida realmente bella. Se paseó por los campos de acacias, olió el perfume de su piel y vio el atardecer entre lomas de pasto verde y esperanza.
Suspiró tremebundas agonías. Resaltó extremados dolores y fingió una serie de orgasmos.
No miró hacia la tarde.

Vio la mañana y pidió perdón por lo cometido. No pecó de egoista al cometerlo. Pecó de puro al no verlo venir.
Pureza de la escondida estampida de ilusiones al prever ásperas y almidonadas almas perdidas.

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