Jarana de escritorio.

Entre el cotorreo. Las angustias. Que son ajenas. Pierden los papeles. Gritan. Muerden. Y luego rien. Y están todos felices. Todo es dejado de lado. Se abren las cervezas. Suena la quijada de burro. Los cajones. Clarinetes. Una voz ronca y ensordecedora. Los zapatos retumban en la acera. Risas y carcajadas. Borrachera. Jarana. Mujeres. Vómitos. Vecinos se quejan. Que apaguen esa bulla le dicen. Y una señora les tira un balde de agua y les malogra los parlantes e instrumentos.
Él que bailaba va hacia adelante. Con los ojos cerrados. Y ahora abre los ojos. Y ya se paró la música. Se acabó esa canción de computador. De tres minutos y medio. Y vuelve al cotorreo. A las angustias.
Eso si, angustias ajenas.

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