Amanece con calma. Se crea tranquilidad. Inventa buenos pensamientos. Se miente. Se peina. Saluda. Se despide. Camina. Se sienta y se sienta. Mira y ve. Escucha y oye. Pregunta y refuta. Habla y no grita. Se calla y no piensa.
Se sienta y se sienta.
Mira y no oye. Escucha y no ve. Se queja y se calla. Habla y lo callan.
Se sienta y se sienta.
Respira y presiente. Gira y lo confirma. La mira y escucha. Asiente y parpadea. Bosteza y no come. Tiene hambre y va al baño. Camina y no cuenta. Cuando cuenta se sienta.
Se sienta y se sienta.
Afronta y lo ve, logrando escuchar lo que oía y mirar lo que veía. Está despierto, tiene hambre y come. Salta y camina. Refuta y grita. Y lo callan. Y grita. Y maldice. Y escupe. Y se para. Y se va. Y sigue gritando. Y sonríe. Y sale. Y levanta la cabeza. Y ve el cielo. Y que éste está oscuro. Y baja la cabeza. Y mete las manos en sus bolsillos. Y da la vuelta hacia atrás. Y entra de nuevo. Y tiene hambre. Y no come. Y escucha gritos. Y calla. Y no ve, no escucha, no oye ni mira.
Y se sienta y se sienta.
