El juego obligatorio

Nunca pensé terminar escribiendo en un blog, pero aquí estoy. Tengo que confesar que siempre pensé que los blogs eran para ese tipo de personas «emotivas», que les gusta exponer sus sentimientos a los demás, pero ahora logro entender que no necesariamente tiene que ser ese el fin de éste.

Es cierto que lo usaré como una clase de diario ya que me encanta escribir de todo tipo de situaciones que se me presentan en la vida, manera de la ver las cosas, entre otras cosas.

Aquí les dejo algo que escribí en Julio 2012 aproximádamente. Un pensamiento extraño acerca del derecho que tiene el ser humano acerca de su propia vida.

¿Quién eres tu para decidir tan gran acción? ¿Te crees lo suficiente insuficiente para dejarlo todo? Sabemos que esta vida es un pedazo de mierda, que cada uno vino con un problema más grande que el otro y esa es simplemente una forma de poder seguir adelante, comparando tus desgracias con peores.

Una vez un amigo me dijo algo que me dejó pensando: por el simple hecho de que haya alguien más triste que yo, ¿no me da derecho a estar triste? O por el mismo que haya alguien más feliz que yo, ¿no me da derecho a ser feliz?

Simplemente me cagó la cabeza. Nunca me había puesto a pensar en la felicidad y tristeza en ese sentido.

Luego de pensarlo me respondí: Si, por supuesto que tengo derecho a ser triste, tengo derecho a ser feliz, tengo derecho a mentir, equivocarme, querer matarme. Tengo el derecho de lo que quiera, por que soy libre e independiente.

Pero cabe resaltar que eres independiente, pero tus actos tienes dependencia. Hay gente que te quiere en este mundo, hay gente que mira a uno como un ejemplo a seguir, como un prototipo de vida y no puedes hacerle eso a personas que dan la vida por ti.

Pero nuevamente, vuelvo a caer en lo mismo. Entonces por personas que te admiren, quieran u odien, ¿No tengo derecho a ser triste y decidir mis acciones sin pensar en los demás?

La verdad que cada uno tiene derecho sobre sus decisiones al final, pero creo firmemente que el irte de esta vida por decisión propia es un acto de cobardía. Renuncias a la vida por problemas, cuando lo más rico de la vida son los problemas. Que fea sería una vida sin problemas. En todo se nos presentan problemas, adversidades y tenemos que saber manejarlas, responder efectivamente y rápida ante ellas. Eso es lo que le da vida a una vida. No existe una película con final perfecto, no existen los príncipes azules, no existen los milagros, no existen un día perfecto, porque la palabra “perfecto” la crea cada uno.

La perfección es la que se amolda a cada uno, cada uno crea su propia perfección, y por más imperfecta que le parezca al otro, tienes que luchar y ser constante por tu propia perfección.

Por eso, respondiendo la pregunta inicial ¿Quién eres tu para decidir tan gran acción?, puedo decir que no soy nadie, nadie más que una simple persona tratando de vivir a pleno. Contra más adversidades se presenten en la vida, más rica debo de hacerla, más ganas debo tener de luchar por sobrepasarlas, porque de eso se trata, esa es la diversión de este juego que jugamos día a día y no elegimos nunca jugar. Ya estamos adentro y tenemos que dejarlo todo aquí. A los más fuertes le tocaron los problemas más difíciles y sí, es cierto, ver los problemas del de al lado nos hacen minimizar los nuestros. Es una manera de empujar y seguir adelante, porque si él lo hizo, yo también puedo. No seas cobarde. No te rindas. No te excuses con la idea de que yo también quiero ser triste. Se feliz. Disfruta este viaje que es más corto de lo que crees y más lindo de lo que esperas.

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